Fiera en las sábanas de la sabana

Allí está

preciosa, elegante,

comiendo hierba.

Me obsesiona.

Es verdad que siempre

digo lo mismo

pero esta es,

sin duda,

la cebra más bonita

que he visto en mi vida.

Me hierve la sangre

y la cabeza

y me late con fuerza

el corazón al verla.

Ante su figura,

esas curvas,

esas rayas.

Es tan…

Es tan…

Se me cae la saliva

de la boca.

Aprieto los dientes.

Me acerco

cubriéndome con las altas hierbas

sin que la bella me vea.

Es parte del juego.

No me deja

si me ve.

Siento un impulso

por levantarme

por agarrarla

por fundirme con ella

pero me contengo.

Verla me pone a cien

pero me contengo

y me acerco con sigilo.

La puedo oler.

Huele tan bien…

La quiero, joder.

La quiero.

¡NO PUEDO MÁS!

¡Salto!

y corro hacia ella.

Empieza a huir.

¡Ven aquí, hermosura!

¡Ven aquí conmigo!

Tú y yo

estamos conectados

por algo más fuerte

que tú y yo

que me descontrola

el cuerpo

y no me deja casi ni vivir,

¡que no me cabe dentro!

Qué intenso es ver tus nalgas

delante de mí,

moviéndose.

Esas curvas,

ese cuerpazo contoneándose.

¡Te alcanzo!

Te clavo las uñas

profundo

con ganas

y por fin, ¡sí!

por fin te muerdo.

Aprieto mis dientes

hasta que no puedo más

pero quiero apretar más

y lo hago

y me da placer.

El placer es inmenso

y sé que tú también lo sientes

detrás del dolor.

Gracias al dolor.

Bailamos.

Te retuerces.

No paras.

Yo estoy a mil.

¿¡Cómo consigues ponerme así!?

Tropiezas y llegamos al punto

por el que todo esto se ha sentido.

Ya ni intentas levantarte.

Me aceptas. Lo aceptas.

Lo vives. Lo sabes.

Lo sientes.

Y tu cuello lo siente

y muerdo tu cuello

porque yo también lo siento

y, ¡SÍ!

aprieto y aprieto

sin saber lo que hago.

Solo sé que lo que hago.

Es necesario y necesito

y quiero

apretar con más fuerza aun

de la que uso.

¡Más fuerte!

¡Más! ¡Más! ¡Más!

Tus últimos momentos

saben a gloria y a sangre.

¡Cómo huele a ti!

A ti y a sangre.

Me gusta.

Y desapareces de pronto

y te quedas inerte

entre mis fauces

que aun aprietan

y desaparece

todo lo que hay dentro de mí

y me movía.

Me movía hacia ti.

Terminó el frenesí,

el éxtasis.

Confundido, te miro.

Ya no estás.

Pero está tu carne

y huele bien

y yo tengo hambre.

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