Ojalá entendiese

Cuando más me gusta conducir es cuando nadie me necesita. Conduzco por las calles sin pensar en nada, nada excepto el nombre de la calle en la que me encuentro. Me sé todas las calles de la ciudad de Buenos Aires de memoria, incluida gran parte de la periferia.

Al principio pensé que me gustaría ser taxista. Cuando comenzaron a subirse personas extrañas a mi coche me empezó a gustar menos. No me gustan las personas. Son ruidosas, hacen chistes sin gracia y me ensucian el coche. Luego yo tengo que limpiarlo, porque según mi jefe soy el rey de mi palacio y debo mantenerlo impoluto para mis visitas. Con palacio se refiere a mi coche. La forma que tienen de hablar es una de las razones por las que no me gustan las personas.

Cuando cumplí dieciocho años, mi padre me dijo que tenía que buscarme la vida para ganarme el pan. “Así son las cosas”, dijo. Yo le pregunté cómo pretendía que hiciese eso. “Ah, lo tienes que averiguar tú mismo, puedes hacerte carpintero, taxista, lo que quieras”, me respondió. No me gusta la carpintería, así que me hice taxista. Por eso paré ayer cuando levantó la mano una señora morena, con rizos negros y un vestido verde, que llevaba de la mano a una niña de grandes ojos negros y trencitas. Por eso y por mis pulsiones.

Una pulsión es una fuerza interna que nos impulsa desde dentro a satisfacer una tensión interna. La sirenita del llavero que llevo colgado del espejo retrovisor sabe de lo que hablo. Ella siempre me mira, sonriente y regordeta, tumbada encima de una ballena que también sonríe. El llavero es un recordatorio. Es muy importante sonreír a las personas. Eso lo sabemos la sirenita y yo. Lo aprendí desde pequeño. Si sonríes lo suficiente, los demás te sonríen de vuelta y eso significa que les pareces un tipo estupendo.

Después de hablar sobre el tiempo y esas cosas y de sonreírnos mucho, la madre me pidió que cambiase de emisora y pusiese Pequeñas Ilusiones, por favor, en el 103.5 FM. Estaba sonando una canción que a la niña de ojos negros le debía de gustar mucho. Se la sabía de memoria. Empezó a cantarla:

No tengo tíos ni tías tengo muy buen apetito
Tengo muy buen apetito.
Nunca me río nunca juego, vivo alejado de la gente
Ni abro la boca ni sonrío, estoy mudando los dientes.

Mi padre me dice siempre que soy raro. Yo no creo que sea raro, lo que me ocurre es que no entiendo mis pulsiones. A mi padre no le hablo de pulsiones, porque no le gustan los libros ni ninguna frase que contenga palabras que no conoce. El fútbol, en cambio, le encanta. A mí me aburre el fútbol. Leí en un libro que el antecedente de los futbolistas son los gladiadores, pero ahora ya no luchan a muerte, sino que pegan patadas a un balón. Creo que lo que hace aburrido al fútbol son sus reglas. Me gustaría que fuese once contra once, una pelota, que todo valiese, incluso asesinar y morder. Eso sí que sería un espectáculo. Cuando se lo dije a mi padre, me dijo que era un raro y que estaba loco.

Yo no sé si estoy loco. No soy ningún especialista, no puedo diagnosticarme. Intenté ir al psicólogo, pero me cobraba mucho y ni siquiera le gustaba Freud, así que dejé de visitarle. Me gustaría tener dinero para viajar a Austria y contratar a algún psicoanalista para que me ayudase a entenderme, pero no me alcanza la plata. Freud era austriaco y es el padre del psicoanálisis. Me gusta el psicoanálisis porque intenta desenmascarar lo que hay en nuestra cabeza, por debajo de todas las conversaciones superfluas del día a día, lo que de veras nos lleva a hacer aquello que nos vemos impulsados a hacer.

Ese día yo iba pensando en mis pulsiones, pensando en el nombre de las calles, acompañado de la sonrisilla de la sirenita. La niña seguía cantando, cada vez más animada, mientras la madre daba palmas y se reía de su encanto:

Cuando me comí a mi abuelo me castigo una semana
Mi abuela que es una vieja gruñona y vegetariana,
Gruñona y Vegetariana.
Si un día se la comieran con todas su verdolagas,

Pero es tan insoportable que la tribu no la traga
Que la tribu no la traga.
Nunca me río nunca juego, vivo alejado de la gente
Ni abro la boca ni sonrío estoy mudando los dientes.

Freud le daba importancia a los sueños. Yo tengo un libro muy interesante que se llama Traumendeuter, que significa interpretasueños en alemán. Freud hablaba alemán. Tal vez por eso solo encontré la edición en ese idioma. Todos los días, al levantarme, leo lo que significan mis experiencias oníricas, ayudándome de un diccionario bilingüe español-alemán. Tardo mucho rato, pero merece la pena. Es importante entender tus sueños, en eso estoy de acuerdo con Freud.

Hace unos años empecé a soñar recurrentemente una escena, cada cierto tiempo, en distintas variantes. Lo que siempre se mantiene estable es que yo soy un ciervo, un enorme ciervo imponente, que camina con pasos pesados por un bosque invernal lleno de pinos sombríos. Los ciervos son vegetarianos, pero yo tengo mucha, mucha hambre. Un hambre insaciable, que me carcome desde dentro y me da picores y calambres en el estómago. Intento comer hierba y las hojas de algunos arbustos, pero no me hacen nada. Con un agujero en las tripas sigo hacia delante. Plof, pluf, plof, resuenan mis pisadas en la nieve.

A veces me despierto en ese momento, confuso y con hambre. Otras, sigo avanzando hasta que llego a un claro. En ese claro hay durmiendo un bebé, que respira apaciblemente. Yo me inclino hacia él, lo miro con mis profundos ojos de ciervo, y empiezo a masticarlo con parsimonia, rumiando sus huesos, que crujen entre mis muelas. El bebé empieza llorar mientras saboreo su brazo o su pierna. Sus lloros son horrorosos, muy penetrantes.

A veces me despierto en ese momento, confuso y con hambre. Otras, sigo masticando todo su cuerpo lentamente hasta que solo queda la cabeza, entre la nieve rojiza, con los ojos abiertos. La recojo con mis enormes cuernos y sigo avanzando por el bosque, hasta que me despierto tiritando.

Desde que tengo ese sueño el hambre no me abandona, ni de noche ni de día. Me encantaría poder telefonear con Alder o algún otro psicoanalista realmente bueno. Es difícil interpretar esa clase de sueños uno mismo. Pero estoy solo. En el libro pone que el ciervo es un ser libre, fuerte e independiente, que avanza a solas por la naturaleza. Al parecer, es un sueño típico de aquellos que nadan contracorriente. También puede indicar que necesitas unas vacaciones, que añoras esa libertad. Sobre masticar bebés no he encontrado nada, y los bebés, sin ser masticados, son relacionados con la inocencia de la niñez y aquello “nuevo que crece en tu interior”.

Lo que ha crecido en mi interior es mi hambre, pero no ha sido lo único. ¡Ojalá pudiese bucear por las profundidades de mi subconsciente! Cuando soñé por quinta vez con el ciervo y el bebé gritando mientras se desangraba, ya había leído tantas veces las palabras de mi libro que no me aportaban nada. Al buscar en google “ciervo monstruo comecarne” me topé con el mito del wendigo. Es un horrible monstruo con cuernos como los que yo tengo en el sueño, que necesita alimentarse de aquellos con los que se encuentra. Me pareció horripilante. Tal vez mi yo no consciente, mi ello, supiese desde hace tiempo lo que era. No lo puedo saber. Lamentablemente, aún no entiendo mis pulsiones.

La mujer empezó a inquietarse porque estaba conduciendo hacia las afueras, alejándome del lugar que me había indicado. Yo ya estaba preparado para ese momento. Me paré al borde de la solitaria carretera. Un rápido movimiento de cadera, un cruce de miradas, un trapo en su boca y aprieta con fuerza; una niña que llora, sin poder abrir la puerta atrancada de la parte trasera del coche. A la sirenita le hizo gracia ver a su madre tumbada de cualquier manera sobre el asiento, narcotizada por los efectos del cloroformo.

La niña ya no cantaba, pero le molestaban sus gritos, así que subí el volumen de la canción.

Yo soy un niño caníbal, nadie me quiere a mí,
No me quedan amiguitos porque ya me los comí,
Porque ya me los comí.
No tengo padre ni madre, tampoco tengo hermanitos,

No tengo tíos ni tías, tengo muy buen apetito,
Tengo muy buen apetito.
Nunca me río nunca juego, vivo alejado de la gente
Ni abro la boca ni sonrío estoy mudando los dientes.

*******

Este relato pertenece al Origireto2020 que organizan @Stiby2 y @MUSAJUE

Las reglas:

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

Objetivo principal: Crea un relato basándote en una canción. (Se llama “El niño caníbal” de Pescetti)

Cuentos y leyendas: La sirenita

Criaturas del camino: Wendigos

Objetos ocultos: Nieve y Ballena

Cumple objetivo personal: Consiste en escribir cada relato en un estilo diferente. Para este relato me he basado en el marcado estilo que utiliza Mark Haddon en “El curioso incidente del perro a medianoche”.

Objetivos anuales:

-Milpalabrista (1462 palabras)

2 comentarios en “Ojalá entendiese

  1. Un relato realmente bueno. Me gusta cómo has compensado la parte reflexiva con la escena, con ello consigues un suspense realmente intenso. Vemos a esa madre con la niña, mientras asistimos a la perturbación del protagonista. Buen uso de símbolos, como esa sirenita que cuelga del retrovisor, nada más presentarla ya has provocado que el lector visualice los horrores de los que ha podido ser testigo. Enhorabuena. ¡Saludos!

    Le gusta a 1 persona

    1. Me alegro mucho de que te haya gustado. ¿Suelen gustarte las narraciones con este tipo de estilo?

      Un saludo

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