La última sesión

Se abre la sesión. Espacio tridimensional. No hay elementos. Todo es blanco. Hay un plano horizontal, blanco también, que nos servirá de suelo.

HOLA, SOY EL OMNIPOTENTE LÍDER SUPREMO EN ESTE LUGAR. TÚ ERES UN OBSERVADOR NEUTRAL, INDEPENDIENTE Y AJENO A MIS ILIMITADOS PODERES. MIRA, TE DEMOSTRARÉ DE LO QUE SOY CAPAZ:

Aparece un chico de unos veinte años, moreno por haberse tostado al sol durante las últimas vacaciones de verano, que para él acaban de terminar.

—Hola.

NO HE PODIDO RESISTIRME A HABLAR CON ÉL.

—Eh, ¿hola?

El chico se da la vuelta, mirando en todas direcciones, parece desconcertado.

—¿Dónde estoy? ¿Quién eres?

—Soy tu amo y señor, tu creador, tu razón de ser.

—¿Cómo? Pero, ¿qué es este lugar? ¿Dónde estás?

—Oye, oye, oye. Demasiadas preguntas, muchachito. Te voy a proponer una cosa.

—¿Qué es lo que quieres? ¿Cómo me has hecho esto?

—Mira, te lo advierto, una sola pregunta más y suelto al tigre.

—¡Eh, espera, espera! No hace falta que nos pongamos así. ¿Qué tigre? ¡Yo quiero colaborar!

DEMASIADO BUENO QUE LA PREGUNTA HAYA SIDO SIN QUERER. HAY DOS OPCIONES AHORA (Y LAS DOS INCLUYEN AL TIGRE, NO SOY NINGÚN DIOS MISERICORDIOSO Y TENGO QUE HACERME RESPETAR): LA PRIMERA ES SOLTÁRSELO DIRECTAMENTE, SIN MEDIAR PALABRA; LA SEGUNDA ES PROPONERLE ALGUNA PRUEBA PARA QUE TENGA LA OPORTUNIDAD DE REDIMIRSE. ESPERA, ¿PERO NO DECÍA YO QUE NO ERA MISERICORDIOSO?

Aparece un tigre en la escena, a veinte metros del chico. Es seis veces más pesado que el pobre muchacho, que parece creer que correr le ayudará de algo. Se le está acercando más y más, es claramente más rápido que él; debe de estar sintiendo su aliento en la nunca en estos momentos, ya está casi casi… ¡Menuda embestida, sí señor! ¡Eso sí que es un tigre hambriento y lo demás son tonterías! Le ha mordido la pierna con sus enormes fauces y está agitándola como si fuese una maraca, bamboleando de un lado a otro al joven tostado. Ahora le ha soltado la pierna y avanza hacia su cuello con la saliva goteándole de la boca.

ES LA MANERA DE MATAR PREDILECTA DE ESTOS GRANDES FELINOS, LANZARSE AL CUELLO Y APRETAR HASTA QUE LA MUERTE LES MANTIENE QUIETA LA DELICIOSA CARNE. ¡PERO NO! NO QUIERO QUE EL CHICO MUERA, ESTO SOLO ACABA DE EMPEZAR, SERÍA UN MALGASTO DE RECURSOS, DE TINTA Y PAPEL, ASÍ QUE…

¡PAM! Una potente bala de cañón arranca la cabeza del tigre justo a tiempo, manchando de rojo el blanco hasta ahora impoluto.

¡PERO MENUDA SANGRÍA SE HA MONTADO AQUÍ! VALE, BASTA, BASTA. ¡OH, POR FAVOR, CHICO, DEJA DE LLORIQUEAR, QUE ACABO DE SALVARTE LA VIDA, HARÁS QUE ME ARREPIENTA! ESTÁ BIEN, ESTÁ BIEN…

En un abrir y cerrar de ojos, el joven recupera su pierna y se cura de sus heridas.

¡HE DICHO EN UN ABRIR DE OJOS, CHICO, PESTAÑEA DE UNA VEZ! UY, PERDÓN, POR AQUÍ NO ME OYE.

—Cierra los ojos.

—¡Pero, ¿qué me has hecho?! ¡Monstruo! Me cago en la…

—¡Cierra los ojos!

El joven obedece.

¡DEBERÍAS HABER VISTO SU CARA! TE HABRÍA ENCANTADO, TE LO ASEGURO. QUERÍA SEGUIR INSULTÁNDOME Y DE SÚBITO SE HA QUEDADO BLANCO, CON LA BOCA ABIERTA COMO UN LELO, MIRANDO SU PIERNA INTACTA.

—Hola otra vez.

— …

—Lo siento por lo del tigre, pero es que has hecho otra pregunta.

—…

—Como sigas así, te suelto a un elefante carnívoro, cruzado con los más peleones toros bravos. Primer aviso.

—¡Vale, vale! ¡Me rindo! ¿Qué quieres?

Después de hacer la pregunta, con voz temblorosa, el chico se ha asustado, mirando a su alrededor, buscando más tigres; pero solo ha podido encontrar aquel que yace sin cabeza a poca distancia de él, nadando en un charco compuesto de su propia sangre.

—No, dime chico, ¿qué quieres tú?

—…

—¡Habla conmigo!

—Quiero irme.

—Oh, no, eso es lo único que no te puedo conceder. Necesitas un nombre, ¿no te parece?

—…

—¿Qué opinas de… Jack?

—Si tú quieres que me llame Jack…

—¡No, no! Elige tú, por favor, te lo suplico.

—Me gustaría llamarme Alex, que es como me llamaba antes de…

—¿De venir aquí? Entiendo.

¡HAY QUE VER LO BIEN QUE FUNCIONAN LOS RECUERDOS IMPOSTADOS POR LA FICCIÓN! ME VOY A IR UN MOMENTO AL BAÑO. VOY A ESTABLECER QUE POR CADA MINUTO QUE PASE TRANSCURRAN DIEZ AÑOS. ANTES DE MARCHARME, VOY A INFORMARTE DE QUE ALEX NO NECESITA COMER, PARA QUE NO TE ALARMES EN VANO. SI TE PARECE QUE LO QUE ESTOY HACIENDO ES DEPLORABLE, ENTONCES PUEDES IRTE, ESTE LUGAR NO EXISTIRÁ SI NO LO LEES. OH, CASI SE ME OLVIDA UNA COSA.

El tigre, su cabeza y la sangre que antes corría por sus venas desaparecen, dejando que Alberto sea la única mancha en el blanco perfecto.

AHORA SÍ, ADIÓS.

ME HA LLEVADO UN POCO MÁS DE LO QUE CREÍA, HAN PASADO CINCO MINUTOS.

Un hombre entrado en años está encogido en el suelo, juntando sus piernas con los brazos, formando un ovillo. Su pelo ha perdido su color castaño oscuro, tornando gris cenizo. No tiene casi arrugas, seguramente debido a que no ha gesticulado mucho con la cara. Si no tienes nadie a quien sonreír, tal vez deje de tener sentido hacerlo. Su mirada está perdida en el horizonte sin contenido, sin observar el blanco uniforme que le envuelve.

VOY A INTRODUCIRME EN SU CABEZA, A VER QUÉ ESTÁ PENSANDO:

VEO… VEO IMÁGENES, RECUERDOS DE SU FICTICIO PASADO. VEO UN PRADO VERDE EN EL QUE VUELAN LAS COMETAS, HAY UNA CHICA CON EL ROSTRO BORROSO, QUE APOYA SU CABEZA SOBRE MI REGAZO. YO LE PASO LA MANO SUAVEMENTE POR EL PELO, ACARICIÁNDOLA, SINTIENDO COMO PROPIO EL PLACER VIBRANTE QUE EXHALA CON UN TIERNO RUIDITO ESA CHICA TAN GUAPA, TAN DULCE, TAN…

—Hola Alex.

El viejo se pega tal susto al escuchar las palabras, que se cae hacia atrás, abriendo mucho los ojos. Los latidos de su corazón sufren un acelerón y se vuelven irregulares. Tumbado boca arriba, empieza a temblar. No mira hacia los lados.

¿HABRÁ ENTENDIDO AL FIN QUE NO ESTOY EN NINGÚN LUGAR? INTENTARÉ HABLAR CON ÉL.

—Siento haberme ido tanto tiempo, Alex.

El hombre cierra los ojos y se tapa los oídos.

AÚN NO PARECE COMPRENDER QUE MIS PALABRAS LLEGAN DIRECTAMENTE A SU SER, SIN NECESIDAD DE SONIDOS, NI MEDIO DE PROPAGACIÓN, NI VOZ.

—Me gustaría hablar contigo, Alex.

—¡Yo no me llamo Alex!

—¿Cómo? Pensé que lo habías elegido tú mismo.

—Yo no soy, no tengo nombre porque no soy, ¿entiendes? ¿Cómo no puedes entenderlo?

Sus ojos bailan como si tuviesen vida propia.

—¿Podrías explicarme un poco eso?

—Yo no soy. Yo soy tú, solo tú, tú, ¡tú!

—Te aseguro que yo no he estado aquí contigo todos estos años.

Los latidos se vuelven fuertes e irregulares de nuevo.

—¡Mentiroso! Sí que estabas, lo dejaste como estaba, pero seguías estando. ¡Te fuiste! ¡Cómo pudiste hacerme esto! Yo soy tú. ¡Yo soy tú!

—¿Quieres, acaso, que volvamos a probar? ¿Que te enseñe lo muy separadas que están nuestras vidas mediante la repetición del experimento? Sería muy científico, desde luego.

—¡No, no, no! No te vayas.

Se echa a llorar.

—¡Por favor, no te vayas!

—Te prometo que si hablas conmigo no me marcharé. Te lo prometo, ¿de acuerdo? Cálmate.

Los sollozos se debilitan poco a poco.

—¿Puedo pedirte un favor? —me dice, enjugándose las últimas lágrimas.

—Sí, claro.

—¿Podrías… podrías materializarte?

—¿Qué quieres decir?

—Ya sabes, introducirte en un humano y hablar conmigo de hombre a hombre. ¡Que nos podamos mirar a los ojos, solo pido eso! Llevo tanto tiempo sin ver a alguien…

Silencio.

Aparece en escena un viejo, que camina con bastón, apoyándose en él cuando pisa con el pie izquierdo. Sus ojos son blancos, no se ve ninguna pupila. Ese viejo soy yo. He perdido temporalmente mi voz divina, hasta que salga. Llevo puesta una bata marrón, raída, deshilachada en algunos puntos. Es bastante fea, pero va a juego con las usadas zapatillas de andar por casa que cubren mis pies carcomidos por los años.

—¡Tus ojos, ¿qué les pasa a tus ojos?!

—No es nada, no te preocupes, veo de maravilla, joven. ¡Ah, no me mires así! A mis ojos eres un jovenzuelo, Alex. Ahora te puedo llamar así, ¿no?

—Eh… sí. ¿Tú cómo te llamas?

—Yo soy Dios.

—¿Y qué eres exactamente?

—¿Aquí? —Pienso unos instantes—. Una especie de espíritu.

Su cara cobra el color de la desesperación.

—¿Por qué haces esto? ¿Por qué insistes ahora en hablar conmigo?

Dubito un momento.

—¿Te divierte hacerme daño?

En su cara se perfila una mueca de repugnancia.

—Es la curiosidad, Alberto, ese es el pequeño monstruo detrás de todo esto, ¡ella tiene la culpa! Yo solo sigo sus mandatos, je je je, ¡es tan traviesa!

Mi risa se transforma en una tos violenta. Mis labios están secos y me duelen. Él suspira y se sienta en el suelo.

—Pensé que intentarías pegarme —le digo.

—¿Y de qué serviría eso?

—Eres más noble de lo que pensaba, Alex. Me alegra conocerte.

—A mí no me alegra.

—¡Aún estamos a tiempo de llevarnos bien!

—¡¿Pero tú te haces una idea de lo que me has hecho pasar, solo porque sí, para ver qué pasaba?! ¡Por curiosidad, tienes los huevos de decirme! ¡Te odio!

—Yo si fuera tú no desaprovecharía esta oportunidad. Puedo hacer realidad lo que quieras, soy el mayor mago que existe, ¡y ni siquiera hay truco!

Saco de mi bolsillo un pequeño mando a distancia con un botón rojo.

—Bueno, lo hay, pero es simple.

—¿Puedes sacarme de aquí?

—Oh, eso es lo único que no puedo darte. Solo puede salir quien ha entrado.

Baja los hombros y se ensombrece su rostro.

—Oh, venga, que no decaigan los ánimos. ¿Quieres que traiga a cuarenta vírgenes desnudas, para que nos encontremos en el paraíso musulmán?

—Soy viejo para esas cosas.

—¿Quieres ver una docena? Una docena, sí, has oído bien. ¡Aquí todo es posible! Sacaré a la luz la interpretación simbólica que tienes en la cabeza. ¡Podría ser un buen comienzo!

Aprieto el botón rojo y aparece un hexágono resbaladizo, como cubierto de fango, que apesta a huevos podridos.

—Agghh. ¿Pero qué clase de traumas tienes tú con el número doce?

Alex me mira un momento, desanimado, y vuelve a mirar hacia el suelo, sin que parezca importarle el hedor que emite el extraño hexágono. Estoy a punto de volver a apretar el botón para enseñarle que mi docena huele a pájaros recién nacidos, cuando Alex se abalanza contra mí, en un imprevisto ataque de furia salvaje. Forcejeamos y me consigue arrebatar el mando a distancia, debido a que, sin pensarlo bien, he decidido encarnarme en un viejo que tiene perdidas las peleas que le quedan. Alex aprieta el botón y desaparece de mi vista. Un terrible escalofrío me recorre la espalda, porque sé que acaba de usar mi entrada para salir. La única regla no escrita es: «no pueden salir más personas de las que han entrado». Estoy jodido, bien jodido. Espero que a Alex no se le ocurra escribir en el bloc que hay encima de la mesa.

—Hola Dios.

—¡Alex, vuelve aquí, podemos hablar sobre cómo arreglar esto!

Un tigre aparece en la escena, a veinte metros del viejo de ojos blancos que se arrastra apoyado en su bastón.

********************

Este relato pertenece al origireto2020 organizado por @stiby2 y @MUSAJUE

Las reglas:

http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html

http://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html

Milpalabrista: sí

Objetivo principal: 9- Cuenta un relato en el que la magia tenga un papel importante

Cuentos y leyendas: no cumple

Criaturas del camino: espíritus

Objetos ocultos: magia y una docena

Objetivo personal (escribir cada relato en un estilo diferente): cumple

4 comentarios en “La última sesión

  1. Buenas tardes

    He leído tu relato y me ha parecido muy original. El estilo me parece bueno y el propio relato en sí es muy desenfadado, con unos elementos de humor que me han hecho gracia.

    Me ha parecido gracioso como el “Dios” acaba sufriendo las consecuencias de seguir la lógica de su propia magia.

    Creo que esta línea de diálogo falta un “que”: —Si tú quieres me llame Jack…

    Enhorabuena por el relato y un saludo.

    Juan.

    Me gusta

    1. Muchas gracias por tu comentario. Ya está corregido 🙂

      Un saludo

      Me gusta

  2. ¡Hola!
    Es un relato la mar de interesante, la verdad es que la ambientación es interesante. Me he imaginado alguna especie de habitación prácticamente vacía, casi opaca. Y a Álex/Alberto dentro, con un hombre/espíritu detrás de alguna especie de cristal, con un cuaderno y hablándole a un micrófono. De hecho me recuerda un poco a una historia que estoy escribiendo (salvando muchísimo las distancias, eso sí jajajaja).

    Me gusta la pregunta que planteas: ¿quién es Dios? ¿qué es la curiosidad? ¿y si no fuera más que un hombre sencillo? En fin: muy interesante, espero con ansias saber más de este mundo (si es que hay más, por supuesto).

    Nos leemos.

    Me gusta

    1. Me alegro mucho que te haya gustado! Si quieres saber más de ese mundo, hay una versión negra aquí :

      https://umagah.com/2016/02/08/un-rato-en-la-nada/

      Un saludo!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close